El ALBA y Ucrania: No al cambio de régimen

Ningún miembro del ALBA votó a favor de la resolución A/68/L.39

Ningún integrante del ALBA votó a favor de la resolución sobre situación de Ucrania.

La Asamblea General de las Naciones Unidas  aprobó ayer una resolución sobre la “Integridad Territorial de Ucrania”. En sus aspectos fundamentales la propuesta -no vinculante- presentada por Alemania, Canadá, Costa Rica, Lituania, Polonia y la afectada Ucrania solicita “a todos los Estados a que desistan y se abstengan de cometer actos encaminados a quebrantar total o parcialmente la unidad nacional y la integridad territorial de Ucrania”; y recalca que “el referendo celebrado en la República Autónoma de Crimea y la ciudad de Sebastopol el 16 de marzo de 2014, al no tener validez” (el texto completo y en español, está disponible acá).

La resolución fue aprobada con 100 votos a favor (Chile entre ellos), 58 abstenciones y 11 votos en contra. Entre esto últimos contamos 4 votos latinoamericanos (Bolivia, Cuba, Nicaragua y Venezuela), todos miembros del ALBA. De hecho, ningún integrante del grupo votó favorablemente. Aún más, como es posible observar en el siguiente mapa que representa la distribución de los votos, tampoco fue respaldada por los miembros fundadores del MERCOSUR, en contraste con los votos favorables delos miembros de la Alianza del Pacífico. 

Alianza del Pacífico vs el resto de LATAM

Una inclinación similar  entre los miembros del ALBA ocurrió en agosto del año 2012, al aprobarse una resolución sobre la situación de Siria que exigía al gobierno de Bassar Al-assad poner fin a los a todos los actos de violencia y proteger a su población. El mapa aclara la distribución de los votos (en rojo los “No”).

Por lo general, el comportamiento en bloque en este tipo de votaciones ONU no es de generación espontánea . Y para estos dos casos en particular en ALBA existen varias razones de tipo estratégicas, históricas y políticas ampliamente analizadas y que explican su voto en bloque. Uno de los argumentos de principio que plantean es el rechazo a la doctrina del cambio de régimen. En efecto, en un comunicado  aparecido en la página web de Prensa Latina el mismo día de la votación, los socios bolivarianos señalan que la propuesta sobre Ucrania no sería otra cosa que un nuevo intento de los Estados Unidos y la OTAN  en asegurar el derrocamiento del gobierno Viktor Yanukovych e instalar uno afín a sus intereses. Allí estaría, dicen, la primera y más importante violación al principio de no injerencia en los asuntos internos de un Estado.

Este mismo argumento se planteó en la referida discusión sobre la resolución contra el gobierno sirio. En aquella oportunidad, el Embajador de Cuba ante la ONU señaló que “Estados Unidos y sus socios europeos cuentan con políticas dedicadas a cambiar regímenes” que se traducen en su objetivo de “derrotar por la fuerza a gobiernos soberanos” (la nota completa acá).

Si bien para la crisis ucraniana la administración Obama ha sido explícita en señalar que no busca intervenir militarmente, si vale hacer notar que la doctrina de cambio de régimen no es desconocida por los Estados Unidos. Es más, tras confirmarse el uso de armas químicas contra la población siria un grupo importante de instituciones e intelectuales con influencia en Washington promovieron el lanzamiento de una política de derrocamiento de Bashar Al-assad (aquí una muestra, del Brookings Institute). La realidad geopolítica de la crisis siria, la poca disposición de los aliados europeos a entrometerse directamente, y el éxito de las gestiones llevadas adelante por Moscú ante Damasco frenaronen su momento la discusión, aunque para sus promotores sigue pareciendo justificada dada la profunda crisis humanitaria que ha generado una guerra civil que ya lleva tres años.

Pero hay algo más. Como bien resume John Ikenberry en su libro “Liberal Leviathan“, la fuerza de la unipolaridad estadounidense  ha comenzado a declinar y en paralelo a la aparición de otras tendencias de cambio de largo plazo. Dicha mezcla ha ido alterando los incentivos, costos, negociaciones e instituciones sobre las cuales estaba fundado el orden de pos Guerra Fría. Para el autor, la prueba de stress de este “orden liberal hégemónico”  establecido por Estados Unidos estuvo en la invasión a Iraq el año 2003. Con estos antecedentes de cambio emergiendo a la superficie, la administración de George W. Bush excedió los límites efectivos de su poder hegemónico, lanzándose en una campaña militar que buscó el derrocamiento de Saddam Hussein sin pruebas concluyentes y sin la aprobación de ONU.

Es ésta lógica de imposición la que los opositores a Washington se han encargado de recordar en estos dos caso. Y es probable que sigan usando el argumento.