Los caminos de Almagro en Venezuela

 

Luis Almagro y Nicolás Maduro tuvieron un duro intercambio esta semana

Luis Almagro y Nicolás Maduro tuvieron un duro intercambio esta semana

El secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), el diplomático y ex canciller uruguayo Luis Almagro, hizo uso del expansivo poder comunicacional que ofrecen las redes sociales para difundir un mensaje de profunda preocupación sobre la actual situación política y social venezolana. Mediante una cadena de tuiteos que apuntaban directamente a la cuenta del presidente Nicolás Maduro, Almagro aprovechó de difundir un comunicado de prensa mediante el cual no sólo responde al líder bolivariano que lo acusa de “traidor” al servicio de la CIA, sino que también lo inculpa de “traicionar” a su pueblo al impedir la tramitación del referéndum revocatorio que impulsa la oposición. Las respuesta desde Caracas (y La Paz también) reforzaron, nuevamente, el supuesto de la alineación del Secretario General con los intereses de Washington.

Si bien el intercambio de declaraciones pareciera ser una riña entre personalidades, uno debería entender que Almagro busca comprometer a la OEA para que juegue un rol en la crisis. De hecho, ya han aparecido actores que le solicitan convocar al Consejo Permanente de la Organización para que, invocando el artículo 20 de la Carta Democrática Interamericana (sobre graves alteraciones constitucionales en un Estado miembro), aborde la situación interna de Venezuela “aún sin el consentimiento” de su gobierno, como lo requirió el director para las Américas de Human Rights Watch, José Miguel Vivanco.

Almagro tiene algunas cartas para jugar en Venezuela, aunque ninguna de ellas parece ser suficiente para detener el estado actual de la crisis interna.

Primero, cabe recordar que la OEA ya lideró un efectivo régimen de protesta y sanciones en 1993 contra el autogolpe impulsado por el presidente guatemalteco Jorge Serrano. Estas acciones aportaron a que en menos de una semana perdiese el respaldo del ejército – tras reunirse con el Secretario General de la OEA de ese entonces, el brasileño Joáo Baena Soares- y terminara huyendo a Panamá. Más recientemente, en el año 2009, los países miembros decidieron suspender a Honduras tras el golpe de Estado que destituyó y mandó al exilio al presidente Manuel Zelaya. La ordenanza, que fue acompañada de sanciones económicas y el desprestigio del régimen de Porfirio Lobo, duró dos años y sólo se le aceptó su reincorporación una vez que Zelaya pudo regresar al país.

Mucha agua ha pasado bajo el puente regional desde entonces y la OEA no ha hecho más que perder capacidad de influencia en este tipo de asuntos. Entre otras explicaciones está, primero, la consolidada competencia de UNASUR como instancia donde los gobiernos sudamericanos resuelven sus diferencias más urgentes, lejos de los Estados Unidos; segundo, la ausencia de liderazgos regionales que puedan ponerle credibilidad a hipotéticos anuncios; y, tercero, las diferentes estándares democráticos que hoy cobija la región, tolerando situaciones como las que afectan al país caribeño.

Pese a lo anterior, Almagro parece jugado por no quedarse a un lado del camino. En efecto, el Secretario General lleva varios meses apostando para que la OEA garantice los espacios que la oposición ha ganado en la Asamblea Nacional. Los recientes acontecimientos no han hecho más que intensificar sus gestiones cuya cara más visible –y novedosa, claro está- fue su reciente cadena de tuits increpando a Maduro. Entre las otras acciones está el haber recibido en Washington a un grupo de parlamentarios venezolanos que le han solicitado “forzar la aplicación de algún mecanismo” a nivel regional, e incluso “activar los procedimientos establecidos en la Carta Democrática”.

Una vez que un régimen no-democrático comienza a perder espacio político, la presión que una organización internacional puede llevar adelante podría resultar, incluso, en una ampliación de las instancias para el disenso. Esa parece ser la tecla que está apretando el Secretario General Almagro por estos días con la denuncia de las pretensiones de Maduro mediante la activación del estado de excepción. Los próximos días serán determinantes para saber si, finalmente, el Consejo Permanente acusará recibo de estas gestiones y qué tipo de cometidos diplomáticos podrían consensuarse al interior de esta instancia ejecutiva de la OEA. Por los factores listados párrafos arriba, hay pocas chances que esto resulte en acciones que se asemejen a lo obrado en Guatemala o en Honduras.

El rol que puede jugar el organismo regional interamericano no debe dejarse a un lado al momento de los análisis sobre la crisis venezolana. Aunque no sea el factor que termine persuadiendo a Maduro, en momentos críticos como el actual sí puede ayudar a que las fuerzas democráticas domésticas consigan, a lo menos, asegurar los espacios conseguidos.