Embajadas y políticos

Extraída de La Tercera

Empezaron a conocerse los nombres de los primeros políticos de la Nueva Mayoría que asumirían tareas diplomáticas como Embajadores en diferentes misiones en el exterior.  La noticia reabre el antiguo debate respecto a la pertinencia de instalar camaradas por sobre funcionarios diplomáticos de carrera. Al respecto,  quisiera rescatar algunos argumentos de principio a favor de  esta impopular medida, siempre teniendo presente que en lo personal la entiendo como una regla excepcional: prefiero la abrumadora predominancia de miembros del Servicio Exterior en estos puestos.

1. Un embajador político puede tener mejor acceso a los pasillos del poder. Si el Estado receptor entiende que el enviado goza de llegada en los principales círculos del gobierno que representa, sus credenciales serán más que bienvenidas. Si a ello  pudieran agregarse atributos adicionales como una elevada reputación política y/o intelectual, la posesión de redes de contacto con políticos del país al que arriba, un pasado común, etc., su nominación incluso será entendida como un gesto amistoso y de cercanía entre ambos gobiernos.

2. Las cancillerías son burocracias. No es necesario traer a colación a Max Webber o la Red Hamlet para saber que un Ministerio de Relaciones Exteriores tiene los defectos, virtudes e intereses detectables en todas las grandes organizaciones burocráticas.  Así, un gobierno puede razonablemente justificar su pretensión de querer mantener una línea abierta con alguien de su entera confianza en países definidos como clave.

3. Una buena escuela. Esta es quizás la menos usada de las razones: hay capitales en donde ocurre la vanguardia de la discusión política y estratégica, y  enviar a algún cuadro talentoso a ser parte de ella puede ser importantísimo para el futuro del partido/coalición que gobierna. Generar contactos con los mandamases de Beijing, aprender sobre la visión geopolítica rusa, o estar al tanto del debate migratorio en Europa son inversiones sub valoradas por nuestra élite política.